
Alex, nuestro queridísimo director de la carrera de Diseño falleció el pasado 21 de febrero. Como homenaje, los estudiantes convocaron a compartir un recuerdo, narración o enseñanza.
Pienso qué puedo hacer. Me siento del otro lado, son los estudiantes quienes me proponen una consigna a mí. Todas las ideas me parecen poca cosa, y tiene mucho sentido, es un homenaje a Alex.
Desde hace dos meses llego una y otra vez a la misma conclusión: Alex era de esas personas únicas y especiales que, al conocerlas, hacen que el mundo sea otro mundo.
Quizás eso explique su esencia extraterrestre y la capacidad para trasladarnos a pensar las cosas desde un lugar diferente.
Mi lenguaje siempre ha sido el de las imágenes. Detenerme a mirar sobre un instante a su vez detenido me invoca reflexiones múltiples.
Busco una imagen.
Encuentro una foto de la primera vez que estuve en el campus, el día que conocí a Alex. La observo y pienso si no es muy extraña para un homenaje. Pienso en su perspectiva, con la mesa gigante y deforme atravesando todo, y nosotros chiquitos en una esquina con las cabezas partidas por la mitad. La cierro y me voy a hacer otra cosa.
Al rato la vuelvo a abrir. Me detengo a mirarla un poco más.
Miro nuestras caras, los gestos. Alex nos habla de algo, está cómodo y relajado, tiene una mano en el bolsillo del jean. Alejandro y yo escuchamos tan atentos que fruncimos la cara, fijamos la mirada. Estamos escuchando algo que nos hace reflexionar profundamente.
La mesa deja de ser un estorbo gigante y deforme. Advierto en ella la sombra de un pensamiento. Un pensamiento que lo atraviesa todo y que buscamos entender, ahora con la cabeza partida en dos.
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